Algunos le acusaron de hacer el payaso y le insultaron. Otros se acabaron dando cuenta de que incluso si se había quedado dormido su inmovilidad resultaba sospechosa. Como si no respirara. El canal acabó rastreando la localización geográfica del joven, cuyo nombre de guerra era CandyJunkie (yonqui de las golosinas, adicto al dulce), y avisando a la policía. Los agentes le encontraron muerto y lo único que pudieron hacer por él fue apagar la cámara.
Culpando a los usuarios
Al día siguiente la angustia embargaba a la comunidad electrónica, aunque no a todos por igual. Los dueños del canal se defendieron apelando a los mismos usuarios para dar el aviso cuando se emitan imágenes «impropias». El perfil de Abraham en MySpace se convirtió en un punto de peregrinación electrónica, con mensajes de los amigos del suicida expresando su consternación y afirmando que le echaban de menos.
¿Por qué lo hizo? Dejó una nota llena de vaguedades terribles: se acusaba de haber hecho daño a otras personas y decía despreciarse por considerarse un «fracasado» sin remedio a los 19 años. Algunas informaciones apuntaban a un amor contrariado, a una novia que le abandonó por otro con más dinero.
No hace tanto Abraham no parecía tan desesperado, y pedía atención y amistad por la red de redes. «Llamadme o escribidme si tenéis un problema, y nunca os daré la espalda», aseguraba. Hasta que se acostó